Hay investigadores intentando crear una capa de invisibilidad. Totalmente en serio

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De una forma u otra le han sacado provecho Harry Potter, Frodo, Predator, James Bond e incluso Kevin Bacon en aquel thriller del 2000 que llegó a estar nominado al Oscar por sus efectos visuales. La invisibilidad, la idea de pasar completamente desapercibido para cualquiera, es probablemente uno de los sueños más viejos, locos y codiciados de la humanidad. Quizás tú mismo hayas fantaseado de niño con cómo sería ponerte el manto del mago más famoso de Hogwarts.

En el terreno de la fantasía llevamos un buen puñado de años jugueteando con la idea de la invisibilidad —El hombre invisible, de HG Wells, se publicó en 1897—. Ahora es la ciencia la que quiere hacerla suya. Y hay una empresa que asegura haber dado un paso en esa dirección.

La invisibilidad, lo último en confección. Si te gustan la tecnología y la moda es probable que te suene Vallebak, una compañía que a lo largo de los últimos años ha querido llevar el textil un paso (o dos) más allá con ayuda de la ciencia. En 2020 lanzó Full Metal Jacket, una chaqueta fabricada con un alto porcentaje de cobre y diseñada para mantener a raya los virus que luce en su catálogo junto a otras prendas sorprendentes, como Black Squid Jacket, inspirada en el camuflaje del calamar; o piezas capaces de absorber dióxido de carbono o biodegradarse en cuestión de semanas.

Desde hace varios años trabaja para alcanzar otra aspiración aún más compleja: la invisibilidad.

Paso a paso. Tras tres años de trabajo con el [Instituto nacional de Grafeno](Instituto nacional de Grafeno), de la Universidad de Manchester, Vollebak asegura haber desarrollado “la primera chaqueta de camuflaje térmico del mundo”, un logro que —reivindica— “nos aproxima un paso más a la fabricación de una capa de invisibilidad”. De momento la empresa tiene solo un prototipo en desarrollo, pero su aspiración está clara: demostrar la viabilidad del camuflaje térmico portátil y avanzar hacia el ambicioso manto de invisibilidad. A día de hoy, eso sí, reconoce: “Aún no podemos hacer desaparecer a nadie”.

¿Qué ha creado exactamente? En palabras de Vollebak, “la primera chaqueta programable por ordenador”. La prenda incorpora 42 parches de grafeno que se pueden controlar de forma individual igual que si de píxeles se tratara. “Cada uno está compuesto por más de cien capas de grafeno puro. Y controlan la radiación térmica en la superficie de la chaqueta sin cambiar su temperatura”, señala.

Para demostrar las capacidades del prototipo, sus creadores realizaron un juego curioso: escribieron un código que emita al Tetris. Al ver con una cámara al modelo con la chaqueta en vez de apreciar el calor que irradia su cuerpo, lo que se detecta es el patrón del popular juego de los 80.

No digas algodón, di grafeno. “Empezamos cargando el código a un microcontrolador en la chaqueta. El cableado impreso en oro y cobre llega a cada parche de grafeno, aplicándoles voltaje. El voltaje fuerza a los iones entre las capas de grafeno mediante líquido iónico. Y cuantos más iones empuje entre las capas de grafeno, menos radiación térmica emite y más frío parece”, comenta la firma, fundada por los hermanos Nick y Steve Tidball: “Cada parche se puede programar de forma individual para emitir un nivel diferente de radiación térmica. Y esa es la forma en que puede mezclarse con su entorno y parecer invisible para las cámaras infrarrojas”.

¿Y ahora qué? He ahí la pregunta del millón de dólares. La compañía no se conforma y confía en poder ir más allá con el paso del tiempo y el desarrollo de la ciencia. “A medida que aumentemos la tecnología y reduzcamos el tamaño de los píxeles de grafeno, en teoría se podrá ocultar cualquier cosa. Con suficientes parches y energía, una persona podría simplemente fundirse en un bosque o un avión podría confundirse con una pista de aterrizaje”, abunda la empresa de los Tibdall.

Así, aunque la chaqueta de camuflaje térmico solo funcione ahora en el espectro infrarrojo, sus creadores confían en que el grafeno haga posible “construir una versión que también funcione en el espectro visible al mismo tiempo”. La clave estaría de nuevo en el supermaterial y su respuesta a la aplicación de energía. “Al menos en teoría, cambiar la densidad de carga del grafeno cambiará el color que vemos. Y una vez se tenga un dispositivo que controle todas las longitudes de onda será cuando la posibilidad de construir una capa de invisibilidad empezará a ser muy real”.

Un camino plagado de retos. El objetivo es ambicioso; el camino, complicado. La empresa no lo oculta. Es más, reconoce que para alcanzar su meta deberá superar dos problemas estrechamente relacionados. El primero y central pasa por conseguir una invisibilidad que no se centre únicamente en el espectro visible, algo que podemos lograr con algo tan simple como ocultarnos en una esquina con sombras, tras una puerta o unos arbustos, sino también en el espectro infrarrojo.

Y esa es la meta que persigue la firma. “Los seres humanos son realmente brillantes en las cámaras infrarrojas. Si vas a intentar ocultar a alguien tienes que empezar por ocultarlo en el espectro infrarrojo”, señala la firma, que, aclara, precisamente ha empezado a trabajar en ese reto.

Más que una simple chaqueta, más que una máquina. La segunda clave es que para lograrlo es necesario algo más que una capa como la de Harry Potter. Hace falta una ingenio mitad prenda de ropa y mitad máquina. “Y eso no es algo que se haya hecho realmente antes —continúa Vollebak—. Los dispositivos electrónicos y la tela son históricamente incompatibles. Sencillamente, uno es duro y el otro resulta blando”. De momento sus esfuerzos han derivado en un prototipo, una prueba de concepto, pero el objetivo va mucho más allá: lograr lo nunca visto (guiño, guiño).

Un objetivo que no persiguen solos. Vollebak no es la primera empresa que aspira a hacer realidad el viejo sueño de la infancia de echarse un manto encima y desaparecer de la vista del resto del mundo. En 2019 la canadiense Hyperstealth Biotechnology anunció cuatro patentes entre las que se incluía un peculiar material, el Quantum Stelth, que supuestamente permite disfrutar de algo muy parecido a ese efecto. Y como siempre es más fácil creer lo que se ve que lo que se lee, la empresa llegó a publicar un vídeo de demostración. No mucho más tarde el Ministerio de Defensa de Israel y Polaris Solutions afirmaban disponer de una lámina de ocultación térmica con polímeros.

Por supuesto hay quienes recelan de que alguna vez podamos emular a Potter e incluso han dejado claro que las leyes de la física impiden lograr capas similares a escala humana. Hace años, en 2016, un equipo de la Universidad de Texas en Austin que apunta precisamente en esa dirección.

Imágenes | Vollebak

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