El Tribunal Supremo confirma la primera condena por prostituir a menores tuteladas en Mallorca

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Un hombre de 40 años fue condenado a 8 años de cárcel por mantener relaciones con dos niñas a cambio de dinero y drogas en un hotel de lujo

El Tribunal Supremo ha ratificado la condena a ocho años y medio de cárcel impuesta por los tribunales de Baleares a un hombre que mantuvo relaciones sexuales a cambio de dinero y regalos con dos menores tuteladas, dependientes de la administración pública.

Es la primera condena firme desde que a principios de 2020 estalló el escándalo en el archipiélago. Un asunto que saltó a la palestra tras la violación grupal sufrida en Palma por una niña tutelada y que fue creciendo a medida que se fue desvelando que aquel episodio no había sido un caso aislado.

El gobierno insular de Mallorca admitió al menos 16 casos de niñas sospechosas de haber sufrido abusos sexuales por parte de adultos ajenos al sistema de protección de menores, y el caso desató una tormenta política que todavía colea en las islas, y que se trasladó hasta el Parlamento Europeo. Una delegación comunitaria llegó a visitar Mallorca la pasada primavera para estudiar sobre el terreno el problema, detectando numerosas deficiencias en el sistema.

Desde el primer momento, las autoridades policiales de las Islas y la Fiscalía descartaron la existencia de redes organizadas y jerárquicas de explotación sexual de menores tuteladas. Alertaron de la gravedad del problema pero concluyeron que eran casos aislados, y que como tales se irían investigando y juzgando por separado.

En el último año y medio, la Policía Nacional ha ejecutado diversas redadas encaminadas a detener a los responsables de estos casos, imputando a una treintena de personas, incluidas algunas chicas que habrían realizado presuntas labores de captación al convertirse en mayores de edad.

Mensajes de móvil

El caso que ahora ha revisado el Supremo se juzgó en 2020. Dos hombres fueron acusados y condenados tras una investigación policial en la que se incautaron conversaciones telefónicas que indicaban que habían mantenido relaciones sexuales con chicas menores internas en centros de tutela.

Uno de ellos, un hombre de origen nigeriano de 40 años de edad, fue condenado a ocho años y medio de cárcel por explotación sexual a cambio de dinero, regalos y drogas. Los hechos tuvieron lugar en un hotel de Magaluf, al que las chicas, dos niñas de 16 y 14 años, acudían citadas por el hombre.

En el juicio, el acusado se declaró inocente sosteniendo que creía que las chicas eran menores de edad y que le engañaron, llegando a mostrarle, alegó, documentos de identidad falsos. Sin embargo, la acusación esgrimió que conocía que eran chicas menores y bajo tutela.

Tanto la Audiencia Provincial de Palma como ahora el Tribunal Supremo consideran probado que concertaba citas con las menores en hoteles de Palmanova y Magaluf para tener sexo con ellas sabiendo que eran menores de edad, y que a cambio les regalaba ropa, dinero en efectivo o por transferencia bancaria. Además, les invitaba a consumir droga. Una de las menores tenía 14 años cuando se produjeron los hechos y mantuvo con ella relaciones completas a cambio de en torno a 600 euros.

La Audiencia sólo aceptó la posibilidad de que el acusado realmente creyera que la más joven de todas era mayor de 14 años. En la sentencia, el Supremo valida este posicionamiento al considerar «racionalmente impecables» los argumentos del tribuna que condenó al hombre.

En conjunto, la Sala cree que a partir de todo el contexto y los contactos con las menores se «llega a la muy consistente inferencia de que el acusado conocía dicha condición de minoría de edad».

«Cosificación»

El Tribunal incide en la «intensa vulnerabilidad social y personal» de las menores víctimas y el «propósito claro de cosificación de su cuerpo» por parte del acusado, que entregaba «significativas cantidades de dinero» y drogas que causan grave daño a la salud, como éxtasis y cocaína, «que las menores consumían en su presencia».

Ello además, «en habitaciones de distintos hoteles de lujo a los que las menores se desplazaban, permaneciendo durante un tiempo muy prolongado, lo que objetivamente suponía un factor de mayor cosificación».

Fue una educadora social del centro donde se encontraba interna quien aportó pistas sobre lo que había podido ocurrir. Según declaró, y como ahora recoge la agencia Europa Press, tras una fuga la víspera de su cumpleaños, la niña volvió al centro «llorando» y con muy mal aspecto, encerrándose en su habitación. «Decía que había pasado una cosa terrible y que no quería hablar», explicó.

Al día siguiente, la menor pidió que le administraran la píldora del día después. No dio muchos detalles más allá de mencionar que había estado «con un chico», pero por sus palabras la educadora interpretó que había ocurrido algo grave.

Además, la profesional incidió en que la menor no recibía una paga pero a pesar de ello «manejaba mucho dinero», y que era consumidora de marihuana y cocaína. «Le avisábamos en muchas ocasiones de que se ponía en riesgo, estaba prácticamente más tiempo fuera del centro que dentro», se lamentó la educadora.

Por otra parte, empleados de uno de los hoteles a los que acudía el hombre señalaron que el acusado daba altas propinas y por ello estaban todos «muy contentos» con él, que era «muy buen cliente». Uno de ellos admitió que esto propició que nadie intentase averiguar si estaba ocurriendo algo «raro», a pesar de que el hombre iba habitualmente al hotel con chicas muy jóvenes.

Una camarera de pisos sí dio aviso a la Guardia Civil cuando vio a dos chicas salir de la habitación del acusado -que siempre reservaba una suite de lujo-. Las jóvenes le parecieron «crías» y según su versión se notaba «claramente» que eran menores. «No me cuadraba la historia, ¿qué hacía él con estas dos niñas, si ni hablaban el mismo idioma? No tenían nada que ver», declaró la trabajadora. Al entrar en la habitación y ver la escena, dio parte a las autoridades.

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